

Profesional altamente capacitada en las distintas áreas que comprenden la gestión del cuidado, destacando competencias como trabajo en equipo, actitud profesional y proactividad; además de habilidades socio-cognitivas como empatía y asertividad, permitiendo un trato humanizado en la relación terapéutica, facilitando los procesos clínicos del usuario en el proceso quirúrgico. Sumado a lo anterior, destaca una predisposición a adquirir nuevos conocimientos y habilidades en distintas áreas y a perfeccionarse permanentemente.